Crecer en Libertad

En todo paisaje natural, en donde hay presencia de árboles, éstos dominan la escena. Su semblante, tamaño y estructura a nadie dejan indiferente.



Los árboles son organismos asombrosos porque se mantienen erguidos equilibrando una pesada masa. La forma de su copa y la distribución de las ramas son una verdadera obra de ingeniería.

El gran desafío de un árbol es crecer balanceando su estructura, de manera que no se produzcan algunos puntos sobrecargados de peso y otros muy livianos, porque podría desgancharse, o bien, terminar tumbado en el suelo. Lo maravilloso de los árboles es que saben cómo crecer, saben cuánto engrosar su tronco para soportar el peso, cuál es el diámetro óptimo para sus ramas, el largo adecuado y el ángulo de inserción que éstas deben tener para adaptarse al ambiente que les toca vivir.

¿Cómo consiguen los árboles saber todo esto? Pues, se lo dice el viento y la humedad del suelo.

Cuando el tronco se mueve con el viento, le envía una señal a las raíces para que se expandan según la fuerza que el tronco está soportando. Las raíces empiezan a explorar el suelo y se van extendiendo por todos los rincones, siempre y cuando encuentren agua en su trayecto. Entre más se extiende una raíz, más firme se siente el tronco y esa firmeza es la que le permite desarrollar abundantes ramas que irán conformando una estructura sorprendentemente compleja. La distribución de estas ramas forma un balance perfecto porque el ambiente donde se encuentran les ayuda a determinar hacia donde y cuanto deben crecer. Es así como la estructura se mantiene en equilibrio, erecta e imponente, como lo demuestra un árbol añoso.

Cuando plantamos un árbol y lo vemos joven y aparentemente débil, nos olvidamos de ese gran potencial que tienen. Al igual que con un niño, buscamos protegerlo y guiarlo en su crecimiento, para que no fracase. Es así como recurrimos al uso de tutores. Junto con el árbol, enterramos un palo al que fijamos con firmeza el tronco de este, quedando así recto y firme, sin posibilidad de moverse ni decidir su rumbo. ¿Cómo interpreta el árbol esta ayuda? Al igual que un niño, como una opresión. Al impedir que el tronco se mueva, las raíces no saben hacia donde crecer, desconocen las condiciones ambientales imperantes, todo le parece indicar que el ambiente es perfecto y que no hay grandes desafíos por delante. En consecuencia, la raíz no se desarrolla lo suficiente, el tronco se siente tan seguro que no se ensancha todo lo que debiera para soportar el peso de su estructura, este “niño malcriado” termina como un adulto débil y mal adaptado a la realidad.

Después de unos años, cuando se decide retirar el tutor, el árbol siente su inestabilidad. Entonces empieza lentamente a retomar el crecimiento que le permite equilibrarse. Algunos lo logran, pero otros lamentablemente no. Al darse cuenta de que crecieron en un ambiente artificial y al enfrentarse a las verdaderas condiciones ambientales, sufren por la inadecuada estructura que formaron. Pero ya no hay tiempo para adaptarse; porque su crecimiento es lento y su masa es muy pesada. El árbol se quiebra, se desgancha o cae con cualquier inclemencia del clima.

Un árbol joven y un niño tienen mucho en común. Ambos necesitan crecer y enfrentar el verdadero ambiente donde viven, eso les permite adecuarse exitosamente a él. Por más que lo queramos, no podemos determinar su crecimiento para que sea exitoso; podemos darle ciertos apoyos, pero jamás impedir que, tarde o temprano, el niño y el árbol conozcan el verdadero ambiente que les toca enfrentar.


 

Algunos consejos:

- Nunca amarre un tutor con firmeza al tronco del árbol. Esto produce que el tronco no engrose lo suficiente y que las raíces no crezcan todo lo que debieran.


- No compre un árbol que no se mantiene erecto por si solo o que requiere tutor. Ese árbol fue mal producido porque no es capaz de equilibrar su estructura.


- Si el árbol necesita algo apoyo para mantenerse recto, ponga 3 tutores en forma de triángulo a 50 centímetros del tronco y utilice unas suaves amarras que le den sostén. Pero no lo inmovilice.


- Nunca utilice alambre u otro elemento que pudiera dañar la corteza del árbol, si se genera una herida, esta puede ser atacada por una plaga.


- Para tener un árbol grande, las raíces deben crecer horizontalmente unas tres veces más que el diámetro de la copa. Por lo tanto, el árbol se debe ubicar en un lugar donde pueda alcanzar ese desarrollo.


 

http://www.paula.cl/jardin/crecer-en-libertad/

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