Seducidos por la Lavanda



Desde tiempos remotos, la lavanda ha sido valorada por su belleza, perfume y fines medicinales a lo largo de todo el mundo.

Se dice que los romanos la utilizaban en sus baños, que los guerreros la cargaban entre sus ropas como un escudo contra los insectos y que Cleopatra la utilizaba como arma de seducción. La leyenda cuenta que la famosa reina egipcia atraía a sus amantes con su perfume, lo que originó la creencia de que las parejas nunca pelean si mantiene un ramo de lavanda bajo su cama.

Pero su fama no se sustenta solo en mitos y creencia. El ingeniero químico francés René-Maurice Gattefosé, fue el primero en documentar el poder curativo de la lavanda. Tras una explosión en su laboratorio, que le ocasiono severas quemaduras en un brazo, el científico pudo comprobar la habilidad de la lavanda para regenerar tejido, ya que fue su aceite la medicina que le ayudó a recuperarse. Desde aquel entonces, intensifico sus estudios sobre el poder curativo de ciertas plantas, lo que lo ha hecho ser reconocido como uno de los fundadores de la aromaterapia.

Otras bondades de la lavanda se pueden obtener desde sus infusiones. A su consumo prolongado se le reconoce un poder relajante, que ayuda a vivir tranquilo y conciliar el sueño con facilidad.

Pero por sobre todos sus usos y bondades, la lavanda seduce por su belleza y aroma. Su prolongada floración morada acompañada de hojas aterciopeladas, viste de gala a un jardín. Su presencia la hace presidir el paisaje. Se luce cuando el viento la sacude y sus espigas bailan mientras entregan perfume. Cuando el día se torna gris y el colorido de sus flores brilla, y cuando el sol la ilumina y devela un colorido verde grisáceo que es único en el paisaje.

Como si todas estas virtudes y bondades fueran pocas, hay también otra gran razón para cultivarla: la simpleza de su cuidado. La lavanda es una planta muy rústica que requiere de poca mantención. En Santiago se adapta muy bien al ambiente, porque resiste los veranos calurosos y secos, donde muchas especies sucumben, y además, necesita de poca agua. Sus requerimientos nutritivos también son bajos, no es necesario fertilizar el suelo, tanto así que si se hace se puede ver perjudicada su floración. La labor que podríamos considerar más demandante en su cuidado es la de podar sus flores secas. Esta sí es relevante de hacer, porque así se mantiene el arbusto joven, impidiendo que se vuelva leñoso. Ahora bien, si nota que se envejece mucho, esta especie resiste lo que llamamos una “poda de rejuvenecimiento”. Esta consiste es reducir el arbusto hasta un 30% de su tamaño, para que vuelva a tener tallos verdes que le den una apariencia herbácea. Pero esta agresiva intervención solo la podrá realizar una o dos veces en la vida de la planta, a partir de su cuarto año de vida.

Una atractiva combinación para su jardín, es plantarla junto con romero y tomillo. Estas tres especies comparten los mismos requerimientos y entre ellas potencian sus fragancia, haciéndolas capaces de perfumar y colorear el ambiente.

La lavanda es por tanto aroma, color y salud, los ingredientes perfectos para condimentar su jardín.


 

Algunos consejos:

- La utilización de ramitos de lavanda secos es recomendada para ahuyentar insectos. Por eso se utiliza en los closets, para evitar el ataque de las polillas y en las habitaciones de las personas alérgicas.


- Las flores se cosechan a mano una vez que estén abiertas. Como contienen componentes alcohólicos (linalol, geraniol y borneol) se deben secar a la sombra y a una temperatura inferior a los 35 ºC. A mayor temperatura se evaporan los alcoholes, se altera la esencia y se pierde la actividad terapéutica de la planta.


- La infusión de Lavanda es un remedio eficaz para calmar combatir el estrés. Para ello, se hierve agua, se añade un puñado de flores y se deja en reposo por unos minutos. Se recomienda tomar dos tazas diarias después de las comidas.


- La reina Isabel I de Inglaterra, tomaba infusiones de lavanda para combatir sus migrañas.

 

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